Temprano en la manana, antes de la arrancada de la octava etapa de Schwäbisch Hall a Heilbronn, František Šesták nos contó una anécdota, sobre su viaje desde Bohemia hasta el fin del mundo, de que se había perdido en Portugal con su companero de viaje, František Hejtmánek, nada más y nada menos que 6 días. Y como si lo hubiera tentado, al final de la ruta, hicimos una jornada como es debido y recorrimos 25 km más. A pesar de ello, ha sido hasta el momento, la etapa más hermosa de todo el recorrido. Una experiencia maravillosa fue el ascenso a la montana Weinsberg (Montana del vino), en la que hace 2 milenio, los antiguos romanos cultivaban la vid roja. La suerte nos acompanó hasta en las vivencias culturales. Por la manana, fuimos a ver un ensayo de una obra de teatro, por la tarde, a una competición de barcos vikingos en el río Neckar.