La quinta etapa comenzó con lluvias y bruscos ascensos. La bajada principalmente fue lo desagradable. Sentíamos frío en las manos y las rodillas. Se pensaba que iba a ser un descanso, pero al final terminamos haciendo 91 kilómetros con un desnivel de 850 metros. El recorrido se prolongó también, debido a que el famoso explorador František Šesták, me convenció espontáneamente de que debía desviarme de la ruta programada. Y así llegamos hasta la histórica ciudad de Lauf, cerca del pequeno río Pegnitz. El sentido de viajero de Šesták no le falló, una vez más. En la histórica plaza, donde se dice que se solía sentar también Carlos IV, ya que hasta aquí llegaba su reino, se hacían festejos todos los anos. Era un espectáculo fascinante. Empecé a conversar con una senora mayor, que había estado preguntando por nuestro viaje y que se vanagloriaba diciendo que había nacido en Èeská Lípa. Tenía un nombre característico de la entonces región de Èeskolipsko (Böhmisch Leipa) – Helga.
Después, nos incorporamos a la red de rutas ciclísticas Flüsse-Radweg, que terminaba en la plaza mayor de Núremberg, en donde comimos longanizas nuremburguesas con col. Manana tenemos día libre, porque a ambos nos esperan citas importantes. Yo tengo una cita con J. M. Barroso, Presidente de la Comisión Europea, y František va a la graduación de su hija. Tengo la impresión de que la cita de František va a ser más importante.